O le han tomado mucho el pelo, o ha metido la pata hasta el fondo. O puede que las dos. Hablamos del republicano Mitt Romney, candidato de su partido a la Casa Blanca, que después de plantear una política severa con los inmigrantes indocumentados en su campaña, tuvo que admitir que hispanos "sin papeles" trabajaron en su lujosa mansión de Massachussets. !Qué ironía!
Hace unos días, el propio Romney se enfrascó en un encendido debate con su oponente en la carrera presidencial, el ex alcalde neoyorquino Rudolph Guiliani, porque este le acusó de usar a gente indocumentada en su propiedad. Romney se defendió diciendo que no podía comprobar el estatus de sus empleados sólo porque tuvieran "un acento curioso", pero aseguró que estaba limpio de cualquier delito.
Hoy ha tenido que despedir al encargado de diseñar los jardines de su casa tras descubrirse, de nuevo, que siguen empleando a trabajadores sin los papeles en regla.
Lo más inteligente que podría haber hecho Romney hubiera sido acercarse a hablar cinco minutos con alguno de los latinos que trabajan en su casa para conocer su historia, para entender qué clase de gente son: trabajadores y con un duro pasado de pobreza a sus espaldas. Seguro que su discurso en la campaña sería distinto, y seguro que eso, sin saberlo, le hubiera servido para ganar muchos votos que ahora ya tiene perdidos y bien perdidos.