Las leyes conservadoras y castrantes siguen saliendo adelante. Serán, sin duda, las responsables de mucha tristeza, decepción, tragedias humanas y decadencia. Tenesse y Arizona han empezado el año con mal pie, dando ejemplo de lo que no se debe hacer, que es perseguir y asfixiar a trabajadores que mantienen a flote la economía de una nación que anda renqueante en lo financiero y que más lo va a estar con este tipo de medidas.
Ambos estados han dado luz verde a legislaciones que prohíben dar empleo a inmigrantes indocumentados, con fuertes sanciones para las empresas que incumplan la ley, incluyendo el cierre definitivo del negocio.
Muchos mexicanos en Estados Unidos ya le han dicho a familiares que no se atrevan a venir, que se queden en México, que la cosa está muy complicada. Mala noticia para los que tenían la esperanza de venir a mandar remesas para darle una vida mejor a los suyos, y peor para los contratistas que tendrán que irse a operar otros estados donde no exista la persecución a los indocumentados, al menos de momento. Visto lo visto esta epidemia puede expandirse más deprisa que el cólera en Europa en el Siglo XIX.
A primera vista, esto puede significar una enorme ralentización de la economía por la pérdida de mano de obra barata, un cambio social importante en muchas ciudades por la desintegración de las familias y una pérdida de diversidad notoria para el país. Los chinos y los indios, los futuros amos del mundo, deben estar dando palmas de alegría.
De nuevo, lo lógico y lo humanamente posible sería legalizar a todo el mundo y dejar que trabajen en paz, pero esa moda parece que no es la que se lleva ahora en Estados Unidos. Esperemos que la tendencia la corte de raíz el nuevo inquilino de la Casa Blanca en enero del 2009.