Mientras el presidente George Bush sigue maquillando la recesión que atraviesa EEUU y busca venderla como un 'período de lentitud' económico, los informes de diversas organizaciones siguen dándonos bofetadas de realidad cada día.
Un último estudio que se publicó hoy me llama mucho la atención. Según el Centro de Progreso Americano, desde el 2000, la crisis económica golpeó con mayor dureza a las minorías y entre ellas, particularmente, a los latinos.
Los datos indican que las tasas de pobreza entre los hispanos se acercan al 20.6 por ciento, mientras que en la comunidad 'blanca' la cifra apenas sobrepasa el 8 por ciento.
Lo alarmante del estudio es que además de la pobreza creciente, los latinos se ven afectados en lo que respecta a la falta de cobertura médica. El último cálculo (de 2006) indica que un 34.1 por ciento de los hispanos no tiene seguro de salud, mientras que sólo un 10.8 por ciento por ciento de los blancos se ven en esta situación. El mismo desbalance se ve en las áreas de empleo y con respecto a las retenciones jubilatorias.
Pero el punto que preocupa verdaderamente es el lugar que el Poder Ejecutivo deja para los hispanos, perseguidos por las autoridades migratorias, sin una reforma en puerta que los proteja o haga justicia con sus necesidades y aportes. Sobreviven el día a día de un país con una economía en declive y un Gobierno que amenaza con deportarlos.
Sin sonar pesimista, estos últimos son problemas que ni Bush ni el nuevo presidente electo este noviembre podrán resolver inmediatamente. Mientras tanto, que queda, ¿aguantar?